sábado, 15 de mayo de 2010

La guerra contra las drogas es peor que las drogas
























¿EU dejaría la droga?

Imaginemos un día en que todos los consumidores de droga en Estados Unidos dejaran sus adicciones en solidaridad con México. El golpe económico para los cárteles sería brutal. Si la huelga de sustancias ilícitas se extendiera un mes hablaríamos de un negocio criminal en quiebra, incapaz de comprar armas y sostener el pago a funcionarios corruptos, sicarios y vendedores. Es imposible que suceda, pero ese utópico escenario sirve para darnos cuenta que en la demanda de drogas está la clave para erradicar al narcotráfico.

Mientras las drogas sigan siendo ilegales, si el consumo no disminuye, continuará el comercio subrepticio y con él los miles de muertos. Se trata de una enseñanza no sólo de México sino de Colombia y el propio Estados Unidos, que en más de 30 años no ha podido ganar la denominada "guerra contra las drogas". Desde entonces, cuando el presidente Nixon declaró esa fatídica "guerra", se han invertido miles de millones de dólares en incursiones policiacas, armas, vehículos artillados, controles aduanales, entre otras medidas, todo con el objetivo de evitar que la droga llegue a los consumidores. ¿El resultado? Lejos de reducirse la demanda, ésta se ha incrementado exponencialmente, y con ella la violencia.

Mathea Falco, asesora del ex presidente William Clinton, pidió a la Casa Blanca cambiar el paradigma. Lamentablemente no siempre gana los debates quien tiene la razón o cuenta con los mejores argumentos.

Más vale tarde que nunca. Hoy parece que Estados Unidos tiene por fin en Barack Obama el liderazgo necesario para romper con la inercia en este tema. Contundente, el zar antidrogas de esa nación, Gil Kerlikowske, criticó la ineficacia de la política antinarcótica del pasado y con ello inhibe a los conservadores cuya cantaleta interminable es que la solución central de este problema es el freno al trasiego de droga.

El plan de la administración Obama para los próximos cinco años consiste básicamente en reducir 15 por ciento la tasa de uso de drogas entre los jóvenes, el número de adictos, y la incidencia de muertes inducidas por las sustancias ilícitas. El mandatario lleva a política pública las medidas recomendadas por los especialistas. Ahora bien, si con dichas acciones el consumo persiste, no quedará más opción que hacer desplomar por otra vía el precio de las drogas. Es decir, acabar con el negocio a través de la legalización.

No se trata de una necedad, sino del curso natural que deberían tener las políticas públicas cuando se analizan en términos de eficiencia.
(El Universal)

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